Puntuar los vinos ¿a quien le sirve?
El otro día mirando una célebre guía de vinos me sorprendía viendo las puntuaciones de algunos de los vinos valorados y sobre todo me alarmaba la influencia que el criterio de algunos “expertos” transmite a los consumidores que confiadamente consultan las guías esperando acertar en la elección del vino que pondrán en esa comida o cena especial con la familia o decidir cual elegir entre los propuestos en la carta del restaurante. Resulta paradójico que nuestra opinión resulte influenciada por la cifra, que personas a las que en la mayoría de los casos no conocemos, asignan en una publicación a un vino determinado. Afortunadamente no todos tenemos los mismos gustos y las valoraciones que los expertos del vino otorgan, nos influyen consciente e inconscientemente en la opinión que de un vino nos formamos, criterio al que llegamos, en la mayoría de los casos, sin haberlo probado.
Hay miles de vinos en el mercado, vinos que cada añada los hace distintos, multiplicando su variedad. Es imposible conocer todos, asumamos que no tenemos más remedio que escuchar las opiniones de los demás en los asuntos referentes a los vinos que desconocemos, pero fiémonos de las personas que ya conocemos, bien porque hemos seguido sus comentarios de catas y resultan coincidentes con nuestras opiniones o porque tenemos la seguridad de su profesionalidad y honestidad, en esto si debemos hacernos seguidores de unos cuantos y ser críticos con sus opiniones, al final decidiremos con quienes tenemos más afinidad y serán los que nos podrán servir de referentes. En las catas de vinos de los expertos, sorprenden los dispares que de un mismo vino pueden resultar las valoraciones, obviamente no todos percibimos las cosas del mismo modo, bien por diferencia fisiológicas o por criterios aprendidos, todos tenemos razones validas para decidir que cosas nos gustan o no, pero afortunadamente en el mundo del vino hay tanta variedad que los criterios personales solo se forman cuando uno ya tiene un bagaje importante probándolos. Resulta razonable entonces que nos tengamos que dejar aconsejar por los entendidos. Pero, ¿que consejo nos da una cifra? según el experto cuanta mayor valoración mejor, o según el mercado cuanto más caro mejor será. Este es a mi juicio el error, dejemos de leer los puntos y centrémonos en las descripciones. En las fichas de cata de las guías de vino no solo se da la puntuación, también se mencionan las cualidades del vino, olores, color, la acidez, taninos, el paso en boca, la fruta, la madera, si tiene notas minerales. Tenemos que conocer mínimamente cuales de estas características valoramos más o menos y fijarnos en ellas para ser capaces de escoger un vino de nuestro gusto. No debemos pretender distinguir los aromas y detalles que los expertos indican en las fichas de cata, al menos al principio, deberemos centrarnos en diferenciar los vinos de nuestro gusto en función del tipo de uva con la que se elabora, su grado alcohólico, la robustez y sobre todo la presencia o predominio de la fruta o de la madera o la complejidad de aromas y de sabores, poco a poco y con la practica iremos ampliando nuestras percepciones para ir afinándolas.
Reciente está el cese de Jay Miller crítico de The Wine Advocate por el Murcia-gate en el que se destaparon que Jay Miller y Pancho Campo condicionaban las visitas para valorar los vinos de las bodegas a una serie de contraprestaciones, incompatibles con la independencia y con los criterios únicamente de interés enológico con los que en teoría se deberían hacer, ¿cuanto de verdad y cuanto de marketing hay en las puntuaciones del vino? ¿Cuánto se preocupan los bodegueros de obtener una buena puntuación de sus vinos? Las guías son un importante soporte publicitario para las bodegas y mientras no tengamos más cultura enológica que se traducirá en un criterio personal, el modelo de negocio no cambiará.
No nos engañemos la única forma de saber si un vino es bueno es probarlo y créanme que muchos con más de 92 puntos no me gustan.

