El vino no solo es un producto agroalimentario, es un factor social y cultural, además de una excelente herramienta para promocionar y desarrollar económicamente el territorio en que se produce mediante el enoturismo.
La mayoría de las regiones vitivinícolas potencian el turismo del vino de alguna manera, pero para que los esfuerzos sean eficaces hay que organizarlos y enfocarlos en la dirección correcta. Lo primero que hay que hacer para tener turistas es querer tenerlos, y para ello lo mejor es comprender que el enoturismo es un producto desestacionalizador del sector que aportará ingresos de forma regular y continuada. Cada vez hay más público interesado en las experiencias que la cultura del vino y su entorno provee, así que lo lógico es crear una oferta adecuada a la demanda.
La mayoría de las regiones productoras tienen una ruta del vino creada, que es la encargada de organizar los eventos y fomentar la colaboración de las diversas empresas del sector. A menudo lo más difícil es hacer que las bodegas se coordinen y trabajen en común, de ahí la necesidad de tener una institución que canalice los esfuerzos de todos los involucrados con varias tareas a desarrollar:
-Asegurarse el máximo flujo de comunicación en medios de las actividades que en la zona se organicen y generar notas de prensa para su difusión.
-Organizar eventos horizontales para fomentar la comunicación e interacción de las diversas bodegas integrantes de la zona.
-Organizar actividades formativas para los visitantes como catas, maridajes, etc.
-Deberán fomentar la ruta del vino en establecimientos especializados como enotecas y tiendas gourmets.
-Formar a los trabajadores de las bodegas en atención al cliente, idiomas y comunicación.
-Integrar los elementos turísticos tradicionales de cada zona con los propios del enoturismo.
Por su parte las empresas privadas deberán:
-Adecuar y personalizar la oferta enoturística de cada bodega.
-Ofrecer unas instalaciones adecuadas a la oferta planteada.
-Disponer de personal cualificado para la labor, con los conocimientos enológicos necesarios.
-Buscar acuerdos estratégicos con empresas que aporten los servicios a los que no lleguen por sus propios medio: transportes, hoteles, restaurantes, etc.
-Comunicar su oferta concreta a través de la WEB y redes sociales, promover el feedback a través de ellas con sus usuarios.
-Fomentar la compra en origen de sus productos y enriquecer la oferta con otros tradicionales de la zona.
Lograr que los visitantes perciban que reciben mucho por poco y transmitir la cultura del vino contando la historia de la bodega es la mejor manera de vender nuestro vino de calidad, una buena experiencia vivida en primera persona trabajará mejor la imagen de marca que cualquier campaña de publicidad.
Otra de las partes implicadas en la promoción del enoturismo de cada región es la administración pública, que deberá dotar de los medios imprescindibles para que las rutas del vino tengan presencia mediante una red viaria adecuada y con los elementos de interés enoturísticos de cada zona bien señalizados. Hay que ponérselo fácil al visitante, lo mínimo es indicarle donde están los puntos interesantes que ver.
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